Agradecemos a Square Enix la copia para reseña de Final Fantasy Resonance en Switch 2.
| Desarrolla: Square Enix, Lancarse | Género: JRPG |
| Distribuye: Square Enix | Clasificación: Mayores de 10 años |
| Jugadores: 1 jugador | Plataforma: Switch 1/2, PS5, XBS, PC |
| Estreno: 22 de octubre, 2026 | Idioma: Japonés, Inglés, Español. |
Hubo una época en la que bastaban unos cuantos píxeles, una melodía inolvidable y un grupo de héroes dispuestos a cambiar el destino del mundo para llevarnos a aventuras que recordaríamos durante años. La era de Super Nintendo nos regaló algunas de las experiencias más entrañables del JRPG, historias donde la magia, la amistad y el deseo de descubrir qué había más allá del siguiente pueblo eran motivos suficientes para perder la noción del tiempo. Ahora, Final Fantasy Resonance busca recuperar esa sensación, recordándonos por qué nos enamoramos de esta franquicia, pero con una presentación que combina la nostalgia del pixel art con la belleza del HD-2D.
Desarrollado por Lancarse y publicado por Square Enix, este nuevo RPG por turnos representa una propuesta especial dentro de una saga que está cerca de cumplir cuatro décadas de historia. No solamente apuesta por recuperar elementos clásicos de las primeras entregas, sino que también utiliza su dirección artística y sus sistemas de juego para rendir homenaje a los personajes, las aventuras y los mundos que han convertido a Final Fantasy en una de las franquicias más importantes del género.
Sin embargo, su propuesta va más allá de mirar al pasado. Final Fantasy Resonance toma como punto de partida el universo de Final Fantasy: Brave Exvius para desarrollar una aventura que amplía su narrativa, incorpora nuevos elementos y busca construir una identidad propia. El resultado es una experiencia que apela a la nostalgia, pero que también pretende demostrar que las fórmulas clásicas del JRPG todavía tienen mucho que ofrecer.
Un regreso a la magia de los JRPG clásicos

Una de las primeras cosas que llaman la atención de Final Fantasy Resonance es la manera en que recupera esa estructura tan familiar de los RPG japoneses clásicos. La exploración de pueblos, los diálogos con sus habitantes, los viajes por un mapa general y los combates por turnos forman parte de una experiencia que inevitablemente nos recuerda a las primeras entregas de la franquicia.
Hay algo especialmente reconfortante en regresar a este tipo de aventuras. En lugar de depender de escenarios enormes llenos de actividades, el juego recupera una estructura en la que la historia, los personajes y el descubrimiento del mundo tienen un papel central. Cada nuevo lugar representa una oportunidad para conocer a sus habitantes, encontrar información y descubrir qué se esconde detrás del siguiente acontecimiento.
Esta filosofía conecta directamente con los títulos que marcaron la época de Super Nintendo. Aquellos juegos consiguieron construir mundos memorables mediante historias de fantasía, personajes carismáticos y sistemas de combate que invitaban a pensar cada movimiento. Resonance recupera buena parte de esa esencia y la presenta con herramientas modernas.

Eso no significa que estemos ante una reproducción exacta de los clásicos. Su propuesta incorpora mecánicas de progresión y combate que buscan enriquecer la experiencia, pero conserva una estructura reconocible para quienes disfrutan de los JRPG tradicionales.
La nostalgia funciona como un punto de partida, aunque también como una invitación a recordar por qué estas aventuras siguen teniendo un lugar especial entre los aficionados. La magia, la amistad, los cristales y el deseo de explorar un mundo desconocido vuelven a ocupar el centro de la experiencia.

Si hay un elemento que consigue atrapar rápidamente al jugador, es su apartado visual. Final Fantasy Resonance presenta su mundo mediante el estilo HD-2D, una combinación de personajes con apariencia pixelada, escenarios tridimensionales, iluminación moderna y efectos visuales que aportan profundidad a cada entorno.
Square Enix ya ha demostrado las posibilidades de esta dirección artística con títulos como Octopath Traveler, Triangle Strategy y Dragon Quest III HD-2D Remake. Sin embargo, verla aplicada al universo de Final Fantasy tiene un encanto particular, especialmente por la relación histórica de la franquicia con el pixel art.
Los personajes conservan la expresividad y el encanto de los diseños clásicos, mientras que los escenarios aprovechan la profundidad tridimensional y los efectos de iluminación para construir un mundo que se siente familiar y moderno al mismo tiempo.
El resultado no depende únicamente de ofrecer gráficos bonitos. La dirección artística contribuye a construir la identidad de la aventura y refuerza esa conexión emocional con los RPG de antaño. Los escenarios, las animaciones y la presentación de los personajes ayudan a que el jugador se sumerja rápidamente en este universo de fantasía.

A ello se suma la música, que contribuye a generar distintas sensaciones desde los primeros minutos. Entre momentos de tensión, situaciones que despiertan una sonrisa y acontecimientos que invitan a descubrir qué ocurrirá después, el apartado audiovisual se convierte en uno de los principales responsables de mantener nuestro interés.
Es una demostración de que los gráficos no necesitan perseguir el realismo para transmitir emociones. A veces, una buena dirección artística, una animación cuidada y una composición visual acertada pueden conseguir mucho más.
Una nueva historia en el mundo de Brave Exvius

La aventura nos lleva a Grandshelt, conocido como el reino de los caballeros, un lugar cuya paz depende de la protección de los cristales. Sin embargo, el conflicto entre la magia y las máquinas ha dejado profundas consecuencias, preparando el escenario para una historia que pronto pondrá a prueba a sus protagonistas.
Rain, comandante de un escuadrón aéreo, emprende una misión de reconocimiento acompañado de su inseparable amigo y subcomandante, Lasswell. Ambos deben investigar por qué ha desaparecido la barrera mágica que protegía el Templo de la Tierra, pero lo que comienza como una misión aparentemente concreta termina convirtiéndose en el detonante de una aventura mucho mayor.
En el templo, los protagonistas se enfrentan a un misterioso guerrero de armadura negra que pretende destruir el Cristal de la Tierra para consumar su venganza. Tras la derrota y la pérdida de su aeronave, Rain y Lasswell se dirigen a Mitra, el pueblo natal de Rain, donde comienzan a descubrir el poder de las Visiones.

La premisa recupera varios de los elementos más reconocibles de la franquicia: cristales que mantienen el equilibrio del mundo, héroes que deben enfrentarse a una amenaza creciente y un viaje que poco a poco amplía sus dimensiones. Son ingredientes familiares para cualquier aficionado a Final Fantasy, pero su efectividad también depende de la manera en que se desarrollan los personajes y de las sorpresas que guarda el camino.
Uno de los detalles más importantes es que Final Fantasy Resonance no se limita a trasladar la historia del juego para móviles Final Fantasy: Brave Exvius a una nueva presentación. Aunque toma elementos de su base narrativa, también incorpora misiones, personajes y líneas argumentales adicionales que buscan darle una identidad independiente.
Esto es importante para entender su propuesta. No estamos ante una simple recuperación de un título móvil, sino frente a una reinterpretación que aprovecha ese universo para construir una experiencia de rol con una estructura más cercana a los capítulos clásicos de la saga.
La combinación de una historia de fantasía tradicional con nuevos elementos narrativos permite que Resonance mire hacia el pasado sin depender exclusivamente de él. Su intención es recuperar la esencia de una época, pero también ofrecer una aventura que pueda sostenerse por sus propios méritos.
Las Visiones: un homenaje a casi 40 años de Final Fantasy

La conexión con el resto de la franquicia es uno de los pilares de Resonance, y las Visiones desempeñan un papel fundamental en esa idea.
Mediante este sistema es posible obtener aliados vinculados con otros juegos de Final Fantasy, convirtiendo el legado de la saga en una parte activa de la experiencia. Para quienes llevan años siguiendo sus distintas entregas, esta mecánica ofrece la posibilidad de reencontrarse con personajes y referencias que forman parte de la memoria colectiva de los aficionados.
La idea funciona especialmente bien porque el homenaje no se limita a incluir guiños visuales o menciones a otros títulos. Las Visiones permiten que esa conexión tenga una dimensión jugable y que el universo de Resonance dialogue directamente con las historias que lo precedieron.

En una franquicia con tantos mundos, protagonistas y aventuras, este tipo de elementos tiene un potencial enorme. Cada generación de jugadores puede tener sus personajes favoritos, y la posibilidad de incorporar héroes procedentes de otras entregas refuerza esa sensación de estar ante una celebración de la historia de Final Fantasy.
Pero las Visiones no son únicamente un recurso para despertar la nostalgia en Final Fantasy Resonance. También forman parte de los sistemas de progresión del juego, por lo que su importancia se extiende más allá de la posibilidad de incorporar aliados relacionados con otras entregas.
Esta combinación entre homenaje y utilidad jugable es uno de los aspectos más interesantes de la propuesta. Las referencias al pasado no están separadas de la aventura, sino que se integran en los sistemas que utilizamos para avanzar y superar los desafíos.
Combates por turnos que recuperan lo clásico

En el terreno jugable, Final Fantasy Resonance apuesta por los combates por turnos, una de las señas de identidad históricas del JRPG. La estructura resultará familiar para quienes hayan disfrutado de las primeras entregas de la franquicia, aunque incorpora elementos de sistemas más recientes para añadir un componente estratégico a los enfrentamientos.
Uno de los aspectos destacados es la importancia de aprovechar las debilidades de los enemigos. Conseguir golpes efectivos puede otorgar ventajas e incluso permitir rondas adicionales, recompensando al jugador por observar las características de sus adversarios y elegir las acciones adecuadas.
Esta clase de mecánicas ayuda a que los combates no dependan exclusivamente de seleccionar ataques y esperar el siguiente turno. Aunque conserva una estructura tradicional, el sistema invita a prestar atención a las debilidades enemigas y a considerar cómo utilizar las herramientas disponibles para obtener mejores resultados.

El atractivo está en encontrar un equilibrio entre accesibilidad y estrategia. Los turnos permiten planear las acciones con calma, mientras que las ventajas obtenidas al explotar debilidades añaden un incentivo para experimentar con las posibilidades del grupo.
Además, este enfoque encaja con la intención general del juego. Resonance mira hacia la tradición de los primeros Final Fantasy, pero no pretende quedarse completamente anclado en ella. Recupera las bases de aquellos combates y las combina con ideas que ayudan a darles un ritmo más dinámico.
Como buen JRPG, Final Fantasy Resonance también apuesta por un sistema de progresión en el que nuestros personajes adquieren nuevas habilidades conforme suben de nivel. Este crecimiento permite ampliar sus posibilidades durante los combates y adaptar poco a poco sus capacidades a los desafíos que presenta la aventura.

Sin embargo, la evolución no se limita a los protagonistas. Las Visiones también mejoran a medida que las llevamos equipadas o las utilizamos, añadiendo otra capa de progresión que nos invita a mantenerlas presentes durante nuestros enfrentamientos.
Este detalle resulta interesante porque refuerza la importancia de las Visiones más allá de su función como homenaje a otros juegos de la franquicia. Elegirlas y utilizarlas con frecuencia también forma parte del desarrollo del equipo, por lo que experimentar con ellas puede convertirse en una decisión importante a medida que avanzamos.
La progresión de los personajes y el crecimiento de las Visiones ofrecen dos elementos que se complementan en Final Fantasy Resonance. Por un lado, subir de nivel permite adquirir nuevas habilidades; por otro, invertir tiempo en las Visiones contribuye a mejorarlas. De esta manera, el jugador cuenta con distintas vías para fortalecer a su equipo y prepararse para los desafíos que encontrará durante la aventura.
Esta mecánica también plantea una decisión interesante: encontrar un equilibrio entre utilizar las Visiones que mejor se adaptan a nuestro estilo de juego y experimentar con otras posibilidades. La forma en que aprovechemos estos sistemas puede influir en nuestra manera de afrontar los combates.
Así, Final Fantasy Resonance combina el crecimiento tradicional de los personajes con un sistema adicional que recompensa la inversión de tiempo en las Visiones. Es una mecánica que encaja con su intención de recuperar las bases del JRPG clásico mientras incorpora elementos que enriquecen la progresión.

Una aventura de estas características necesita algo más que una buena presentación visual. La música y los personajes son fundamentales para conseguir que el jugador se involucre con el mundo, y Final Fantasy Resonance encuentra en estos elementos otros de sus atractivos.
La banda sonora de Final Fantasy Resonance contribuye a establecer el tono de la experiencia, acompañando tanto los momentos de descubrimiento como las situaciones que exigen mayor tensión. En una franquicia tan reconocida por sus composiciones musicales, este apartado tiene una responsabilidad especial: construir una identidad sonora propia sin perder la sensibilidad que caracteriza a sus aventuras.
A ello se suma el doblaje, que aporta personalidad y carisma a los personajes durante las escenas con voces. Las interpretaciones ayudan a dar mayor presencia a los protagonistas y contribuyen a que sus interacciones tengan más fuerza, especialmente en los momentos en los que la historia necesita transmitir emociones o aliviar la tensión con un toque de humor.
Esta combinación entre música, animación y voces ayuda a que el mundo se sienta vivo. Es un aspecto que puede parecer secundario frente a los combates o la progresión, pero que termina siendo importante para que los personajes permanezcan en la memoria del jugador.
Final Fantasy siempre ha encontrado parte de su identidad en la relación entre sus protagonistas y las aventuras que comparten. Por eso, la capacidad de Rain, Lasswell y el resto del elenco para generar interés resulta fundamental para que la historia conecte con nosotros.

En cuanto a duración, la historia principal se estima entre 20 y 30 horas, mientras que completar el juego al 100 % puede llevar alrededor de 70 horas.
Estas cifras plantean dos formas de aproximarse a la aventura. Por un lado, quienes quieran centrarse en la trama principal cuentan con una experiencia de duración moderada para un JRPG, que permite disfrutar de la historia sin comprometerse necesariamente con todas las actividades adicionales.
Por otro, los jugadores que deseen explorar a fondo sus sistemas, completar los contenidos secundarios y aprovechar las posibilidades de progresión tendrán un recorrido considerablemente más largo.
La diferencia entre ambas estimaciones sugiere que existe una cantidad importante de contenido más allá de la campaña principal, aunque el número de horas, por sí solo, no determina su calidad. Para valorar adecuadamente este apartado, también hay que considerar la variedad de las actividades, el ritmo de la progresión y la manera en que el contenido adicional aprovecha las mecánicas del juego.
Lo importante será que esas horas se sientan bien aprovechadas y que la aventura mantenga el interés más allá de sus primeras sorpresas. En un título que apuesta por una estructura clásica, la variedad de los enfrentamientos, la exploración y el desarrollo de los personajes son factores importantes para mantener el ritmo.
Conclusión: Final Fantasy Resonance es una carta de amor a una franquicia que sigue encontrando nuevas formas de brillar.

Final Fantasy Resonance recupera una sensibilidad que muchos jugadores asocian con la época dorada de los JRPG. Su estilo HD-2D, los combates por turnos, la exploración tradicional y el protagonismo de los cristales construyen una experiencia que mira directamente hacia las raíces de la franquicia.
Al mismo tiempo, las Visiones y la reinterpretación de Brave Exvius le permiten establecer vínculos con la historia de la saga sin depender exclusivamente de la nostalgia. Su intención es celebrar el legado de Final Fantasy, pero también ofrecer una aventura que pueda disfrutarse por sus propios méritos.
Uno de los mayores atractivos de Final Fantasy Resonance es precisamente esa combinación entre lo familiar y lo moderno. La presentación visual recupera el encanto del pixel art, mientras que los sistemas de combate y progresión incorporan elementos que buscan enriquecer la experiencia sin abandonar la estructura clásica.
En una industria donde muchas producciones apuestan por sistemas cada vez más complejos y mundos que buscan ampliar constantemente sus dimensiones, regresar a una aventura de fantasía centrada en los personajes, la exploración y los combates por turnos puede resultar refrescante.

La magia de los JRPG clásicos nunca dependió únicamente de sus gráficos o de sus sistemas de combate. También estaba en la emoción de descubrir un nuevo lugar, en las melodías que acompañaban el viaje y en la sensación de que cada pequeño paso nos acercaba a una historia mucho más grande.
Final Fantasy Resonance busca recuperar precisamente esa magia. Su propuesta HD-2D, sus referencias a otras entregas y sus sistemas de progresión construyen una celebración del legado de una franquicia que lleva casi cuatro décadas acompañando a los aficionados a los videojuegos.
Al final, lo que hace especial a un JRPG no es solamente la cantidad de enemigos que derrotamos, las habilidades que desbloqueamos o las horas que invertimos en su mundo. También importa lo que sentimos mientras recorremos ese camino y los recuerdos que nos llevamos cuando termina la aventura.
Y esa es la sensación que Final Fantasy Resonance busca recuperar: la de volver a perdernos en un mundo de magia y amistad, como cuando encendíamos nuestra Super Nintendo y comenzábamos una aventura sin saber qué nos esperaba al otro lado del mapa.

