Sabrina Spellman se encara con la que podría ser su última escalofriante aventura

Ha pasado mucho más tiempo del que uno creería desde que Netflix anunció una adaptación de Chilling Adventures of Sabrina, comic creado por Roberto Aguirre-Sacasa y Robert Hack bajo el resguardo del sello Archie Horror, lo cual, generó una expectativa tan abrumadora que la atención por el show lo mantuvo a flote hasta una cuarta temporada que sigue llamando la atención del respetable.

   Las tres temporadas que preceden a la que ahora es objeto de nuestra reseña tuvieron, en un inicio, reacciones inyectadas de emoción pero que, conforme avanzaban los capítulos, comenzaban las dudas y las discrepancias.  Esto, enmarcado con las controversias sobre finalizar la serie por parte de Netflix de manera repentina, rumores y demás marketing incidental, preparan el cuadro que plasma la cuarta temporada que ilustra el posible final de la serie.

La pregunta a resolver es: si lo visto en la cuarta temporada es el final ¿este es digno para una historia que se ha colocado entre las consentidas de la audiencia en los últimos años? Es momento de revisitar lo bueno, lo malo, y lo feo de esta El Mundo Oculto de Sabrina.

Las ambiciones e ideas radicales de Faustus Blackwood han provocado que lleve sus devociones del mismísimo Lucifer Morningstar a los Terrores Dimensionales, mismos que se han visto desatados sobre Greendale y amenazan no sólo a aquel poblado, o siquiera al mundo entero, sino a la realidad per se.

   Tales calamidades impactan directamente en la cotidianidad de Sabrina Spellman, quien no sólo intenta lidiar con sus peripecias adolecentes, sino que debe recurrir a su ingenio y poderes para salvar el día una vez más.

Puse un hechizo en ti (Lo Bueno)

Como se espera —la mayoría de las veces, claro está— con una producción de Netflix es una calidad por encima de la media, quizá no extraordinaria, pero sí que sea notable y, desde luego, la cuarta temporada de Sabrina, no es la excepción a la regla. Es notable que gran parte de la inversión al proyecto radique en el diseño de producción: escenarios, vestuarios, detalles sobre el plató ocultos esperando ser descubiertos por los más perspicaces y efectos prácticos que ayudan a evitar arreglos digitales que le resten encanto.

   Las actuaciones se mantienen en el nivel que hemos visto en temporadas anteriores, en donde los que lo hacen medianamente bien aparcan en lo aceptable, los buenos le dan un encanto extra y los sobresalientes le brindan ese valor agregado del que goza la serie, demos destacar a Michelle Gómez (Mary Wardwell/ Lilith/ Madam Satán), Richard Coyle (Faustus Blackwood) Kiernan Shipka en el protagónico —con todo y que su desarrollo, en partes, llega a ser exasperante—, Gavin Leatherwood (Nicholas Scratch) y quien se alza con la corona del mejor actor en la serie: Chance Perdomo en el roll de Ambrose Spellman.

   Adicional a lo ya mencionado, todo el contenido es bastante decente: no hay tomas atrevidas que desafíen lo propuesto en otras series del mismo corte pero tampoco son nefastos, el soundtrack es sorpresivamente genial —sobre todo los covers y temas originales interpretados por los personajes— y es menester reconocer ese fantástico cameo hacia los capítulos finales que hizo las delicias de los aguerridos seguidores de la escuela noventera.

   En general todo se ve armonioso, no obstante, la magia, en ocasiones, no tiene el mismo efecto sobre todas las cosas.

Lo que embruja es el riesgo (Lo Malo)

Y si de riesgos hablamos, siempre se correrán varios cuando de construir historias se trata, en especial, con lo que a detalles y agujeros argumentales se refiere, y si bien Sabrina  no se caracteriza precisamente por refinar su elocuencia, si peca de descuidada en muchos detalles que, en primera instancia, no deberían existir.

   A diferencia de temporadas anteriores, la participación de algunos personajes secundarios que se podrían antojar más importantes, como Theo, Harvey —aunque él ya tenía rato sin destacar— o Prudence, se convirtieron en elementos desperdiciados de manera injusta, y eso por no citar algunos pasajes en donde las hermanas Spellman pudieron hacer mucho más que sólo seguir las órdenes de su sobrina; estos potenciales se vieron reducidos a patíños insípidos, factor particularmente grave ante un posible final de la historia, en donde podrían destacar y dar un aporte más especial o significativo.

    Para rematar lo anterior, el elenco creció exponencialmente en la temporada anterior y, ahora, los rostros a revisitar eran tantos que no se pupo plantear una continuidad en donde todos pudiesen contemplarse como esenciales, culpa de ello, quizá, sea a lo apresurado de la producción y a la ambición de abarcarlo todo sin un desarrollo natural y convincente, lo que nos lleva, al gran y fatídico error de esta cuarta temporada que pondrá sobre la mesa la respuesta a la pregunta que intitula esta reseña.

Cacería de Brujas (Lo Feo)

El ritmo de la serie, tanto lo plasmado en el guion como lo proyectado por los directores, es lo que termina de condenar esta cuarta temporada a la hoguera sobre leña verde y es cuando uno puede entender por qué tanto disgusto si del desenlace hablamos.

   Lo que inició con un conflicto sólido con un desarrollo interesante, se fue perdiendo entre secuencias innecesariamente largas y triviales para el punto de inflexión, capítulos de relleno, y las notorias prisas de dar la conclusión que se pretendía hacer en, al menos, una temporada más. Los ocho episodios claramente están divididos en dos, y es la segunda parte la que cambia por completo el ritmo de tal manera que todo se siente más acelerado y explorado apenas por la superficie.

    Justo los dos últimos episodios denotan una historia imaginada para una hipotética quinta temporada, pues es a la mitad del séptimo en donde la mayoría de los cabos sueltos han sido atados y una nueva trama nace, presentada a manera de epílogo, sí, pero que claramente muestra potencial de un conflicto más largo y desarrollado de lo que se nos presentó.

   El clímax es tan efímero que apenas y se nota que estamos ante el clímax mismo, con una resolución tan sosa y poco inspirada que cuando todo concluye uno no puede evitar exclamar: ¡¿Ya?! ¿Eso es todo?, y esto funge como preámbulo para encarar la estocada de gracia con un final tan pretenciosamente cursi que se antoja, incluso, anticuado y fuera del tono que la serie presentó desde un inicio.

La Hora de Las Brujas (Conclusiones)

Recordar, antes de sentenciar, que el público objetivo oscila entre adolescentes y jóvenes adultos, lo cual, quizá pueda hacer que las carencias aquí presentadas sean comprensibles más no justificables, pues no por ello la calidad de este producto deba ser inferior o tratarlos como tontos y pretender que se puede presentar lo que sea y que ello será aplaudido sin rechistar.

   Esto viene a colación de lo ya dicho un par de párrafos arriba: El Mundo Oculto de Sabrina inició como una historia que mezclaba con asombrosa armonía conflictos adolecentes con temas más oscuros como el satanismo, la brujería, la muerte y la religión misma, una crítica a los poros sensibles de la juventud disfrazada de historia fantástica que valía la pena explorar si se seguía la línea, por desgracia, el camino se desvió y desembocó en un intento de suavizar la crudeza de los tópicos con el afán de agradar el ojo del espectador objetivo, que no está mal, pero le resta demasiado valor.

   La cuarta temporada de Sabrina inicia como algo disfrutable y hay grandes momentos que hacen a uno sonreír genuinamente, pero a medida que avanzamos uno siente más compromiso por acabar que en sí por el gusto de hacerlo; y para que esta temporada pueda ser considerada como un desenlace digno necesitaríamos magia tan poderosa que ni las mismas Spellman son capaces de conjurar.

¿Qué opinas de la cuarta temporada de El Mundo Oculto de Sabrina? ¿Te gustó? Compártenos tu opinión en los comentarios

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