Marty Supremo un viaje entre ego, odio y carisma.
Agradecemos a Diamond Films por permitirnos vivir una experiencia llena de estrés y admiración por Timothée, un personaje con carisma pero fácil de odiar, Marty Supremo, aquí te cuento mi experiencia:
| Estreno: 15 de enero 2026 | Género: Biopic / Drama |
| Duración: 2h 29m | Clasificación: B15 |
| Dirige: Josh Safdie | Distribuye: Diamond Films |
| Guionista: Josh Safdie, Ronald Bronstein | Título original: Marty Supreme |
| País: Estados Unidos | Elenco: Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A’zion, Tyler the Creator |
Aunque apenas este enero llega a salas mexicanas Marty Supremo, ya pudimos ver que Chalamet esta arrasando en la temporada de premios, bien merecido lo tiene en su mejor papel hasta ahora, existen muy pocas cintas que te dejan con la sensación de haber atravesado una experiencia física, casi agotadora, de esas que te obligan a quedarte sentado unos minutos cuando termina la proyección para ordenar las ideas. Marty Supremo pertenece sin duda a esta sensación. Es una cinta que no se limita a contar una historia, te arrastra dentro de ella, te confronta con su ritmo implacable y te obliga a convivir con un personaje tan fascinante como difícil de amar.
Dirigida por Josh Safdie en su primer largometraje sin la colaboración directa de su hermano Benny, Marty Supremo confirma algo que muchos ya intuíamos desde Uncut Gems, Safdie es uno de los cineastas más intensos, arriesgados y profundamente incómodos del cine contemporáneo. Aquí, sin embargo, cambia el escenario del mundo de las apuestas por uno aparentemente más modesto, el tenis de mesa, solo para demostrar que la obsesión humana no necesita grandes estadios para volverse destructiva.

Un “biopic” que se niega a ser convencional
Aunque la película se inspira libremente en figuras reales del tenis de mesa estadounidense de mediados del siglo XX, Marty Supremo no se presenta como un biopic tradicional. No hay aquí una línea narrativa clara de ascenso, caída y redención. Tampoco existe un interés real por explicar al personaje o justificar sus decisiones. Safdie opta por algo mucho más arriesgado, el sumergirnos en la mente de Marty Mauser y dejarnos ahí, sin salvavidas, puesto que te encontraras en un mar lleno de tormentas y olas.
Marty es un joven de origen humilde que descubre en el ping-pong una vía para escapar de su entorno, pero también una herramienta para imponer su voluntad al mundo. Desde el inicio queda claro que su talento es innegable, pero también que su ambición no tiene freno. No busca simplemente ganar; necesita dominar, humillar, dejar huella. Cada partido se convierte en una batalla personal, cada rival en un obstáculo que amenaza su identidad.
Lo interesante es que la película nunca romantiza del todo este impulso. Al contrario, lo expone en toda su fealdad. Marty miente, manipula, utiliza a quienes lo rodean y se consume lentamente en su propia necesidad de validación. Y aun así o precisamente por eso resulta imposible apartar la mirada.

Timothée Chalamet en estado de gracia (y de riesgo)
Gran parte del impacto de Marty Supremo se debe a la interpretación de Timothée Chalamet, quien entrega aquí una actuación feroz, incómoda y completamente desprovista de vanidad. Lejos del carisma elegante que ha definido algunos de sus papeles más populares, Chalamet construye a Marty como un ser nervioso, impulsivo, verbalmente agresivo y emocionalmente opaco.
Hay algo hipnotizante en su lenguaje corporal, la forma en que camina, cómo aprieta la mandíbula, cómo mira a sus oponentes antes de un saque, incluso el sudor y gafas. Cada gesto parece cargado de ansiedad y deseo de control. No es una actuación diseñada para agradar, y eso es precisamente lo que la hace tan poderosa. Chalamet no busca que simpaticemos con Marty, busca que lo entendamos desde dentro, aunque nos incomode hacerlo.
A lo largo de la película, el actor se permite momentos de fealdad emocional que pocos intérpretes de su generación se atreverían a explorar. Marty puede ser cruel, infantil, patético y magnético en cuestión de segundos. El resultado es un retrato humano profundamente contradictorio, que se siente dolorosamente real.

Una dirección que no da respiro
Josh Safdie dirige Marty Supremo con una energía que raya en lo obsesivo. La cámara rara vez se queda quieta. Los encuadres son cerrados, invasivos, casi claustrofóbicos. El montaje es rápido, a veces abrupto, y contribuye a una sensación constante de urgencia, incluso en escenas aparentemente triviales.
Los partidos de tenis de mesa están filmados como si fueran combates de boxeo o persecuciones urbanas. El sonido de la pelota, las expresiones por el esfuerzo, amplificado hasta lo insoportable, se convierte en un elemento narrativo más. No se trata solo de ganar puntos, sino de resistir la presión, el ruido, la mirada del otro. Cada partido es una prueba psicológica, tanto para Marty como para el espectador.
Este enfoque no será del agrado de todos. Hay momentos en los que la intensidad resulta agotadora, y la duración de la película generosa, por decirlo suavemente puede poner a prueba la paciencia de quienes buscan una experiencia más convencional. Pero para quienes se entregan al ritmo propuesto por Safdie, la recompensa es inmensa.

La Nueva York de los márgenes
Marty Supremo tiene como escenario una Nueva York de los años 50 que presenta la película no es la de los grandes musicales ni la de los rascacielos relucientes. Es una ciudad ruidosa, sucia, saturada de humo, donde los clubes deportivos improvisados conviven con bares de mala muerte y apartamentos diminutos.
La fotografía, con una paleta de colores apagados y texturas casi táctiles, refuerza la sensación de estar observando un mundo áspero, poco glamoroso. No hay nostalgia aquí, sino crudeza. La ciudad no es un telón de fondo, es un antagonista silencioso que presiona constantemente a Marty, recordándole que el éxito es frágil y que siempre hay alguien dispuesto a ocupar tu lugar.
Personajes secundarios que se unen al equipo.
Aunque Marty domina la narrativa de principio a fin, el reparto secundario aporta capas importantes. Gwyneth Paltrow interpreta a una figura clave en la vida emocional del protagonista, ofreciendo un contrapunto interesante entre contención y vulnerabilidad. Su personaje no está ahí para “salvar” a Marty, sino para mostrar, a través de su relación, las limitaciones afectivas del protagonista.
Otros personajes entrenadores, rivales, promotores y amigos circunstanciales funcionan como espejos deformantes de Marty. Cada uno refleja una posible versión de su futuro, el talento desperdiciado, la obsesión convertida en rutina, el éxito vacío. Ninguno de ellos es desarrollado en exceso, pero todos cumplen una función clara dentro del ecosistema emocional de la película, las consecuencias y daños colaterales de sus obsesiones.

Una banda sonora que incomoda (a propósito)
La música en Marty Supremo merece una mención especial. Lejos de acompañar de forma complaciente las imágenes, la banda sonora juega con contrastes y disonancias que refuerzan el estado mental del protagonista. Hay momentos en los que la música parece entrar en conflicto directo con lo que vemos en pantalla, generando una tensión adicional que resulta profundamente efectiva.
Este uso poco convencional del sonido puede resultar desconcertante, pero también es una de las razones por las que la película se siente tan viva, tan impredecible. No hay concesiones al confort del espectador. Safdie parece decidido a mantenernos siempre un poco incómodos, un poco fuera de equilibrio.
Mi experiencia personal como espectador
Salí de Marty Supremo con la cabeza llena de ideas, el cuerpo cansado y la mente estresada, como si hubiera estado compitiendo yo mismo. No es una película que se “disfrute” en el sentido tradicional, pero sí una que se siente profundamente. Me irritó en algunos momentos, me fascinó en otros, y me obligó a cuestionar mi propia relación con el éxito, la ambición y el reconocimiento.
Pensé en Marty durante días. En sus silencios, en sus estallidos de ira, en su incapacidad para detenerse. Y eso, para mí, es la prueba definitiva de que una película ha logrado algo importante.

Conclusión:
Marty Supremo no intenta agradar a todos, y nunca finge hacerlo. Es una película que avanza con los dientes apretados, que se arriesga a caer mal y que apuesta todo por una visión autoral clara y contundente. Puede que no sea perfecta, pero es honesta, intensa y profundamente humana.
Si buscas una experiencia cinematográfica desafiante, una actuación inolvidable y una historia que se te quede adherida a la piel, Marty Supremo es una cita obligada. No es solo una de las películas más comentadas del año, es una de las que realmente valen la pena discutir, sentir y recordar.

